Trasladada a la primavera de 2027
Cuenca y Bilbao comparten una intensa historia artística marcada por la experimentación y la ruptura con los lenguajes tradicionales del arte. En ambas ciudades, especialmente a partir de los años cincuenta y sesenta, surgieron contextos decisivos para el desarrollo del informalismo en España: un arte basado en la materia, el gesto y la carga expresiva, alejado de la representación figurativa y profundamente conectado con su tiempo. Figuras como Antonio Saura, Manolo Millares, Eduardo Chillida o Gustavo Torner contribuyeron desde estos territorios a redefinir el panorama artístico del país.
Las obras de Moisés Moreno reunidas en esta exposición se articulan en torno a tres cuerpos principales: dos grandes óleos de intenso colorido, una extensa serie de dibujos de pequeño formato y un conjunto de piezas híbridas realizadas con madera y metal. Lejos de constituir líneas independientes, estos trabajos funcionan como un sistema interconectado, donde cada formato amplía y matiza los otros.
En los lienzos el color se despliega con fuerza física. Superficies densas, gestuales y vibrantes conviven con zonas de contención y vacío, estableciendo tensiones que remiten directamente a la tradición informalista desde una mirada actual. El gesto no es aquí desbordamiento gratuito, sino una herramienta precisa que construye equilibrio dentro del conflicto.
Los dibujos, de escala íntima, pero que funcionan también como una sola obra, actúan como contrapunto necesario. Debido a su pequeño tamaño, sirven como registros del proceso, como espacios de ensayo y pensamiento, donde la estructura se revela con mayor claridad. Con su trazo sutil y monocromo Mosiés nos recuerda asimismo la pintura caligráfica oriental, y con ella la elegancia de las obras de Fernando Zóbel, y crea una suerte de paisajes ideográficos que huyen de la figuración.
Las piezas realizadas en madera y metal introducen la dimensión física del objeto. A medio camino entre el cuadro tradicional y la escultura, estas obras trasladan el lenguaje pictórico al espacio, incorporando peso, volumen y materia real. La superficie deja de ser solo soporte para convertirse en cuerpo.
Moisés Moreno propone una experiencia que oscila entre lo expansivo y lo contenido, entre la intensidad sensorial y el silencio. Un recorrido que conecta geografías y tradiciones artísticas compartidas, y que sitúa al espectador ante un lenguaje abstracto vivo, capaz de dialogar tanto con la reciente historia del arte como con las inquietudes del presente.